
En aquellos tiempos Palestina era una colonia del Imperio Romano. A la muerte de Herodes el Grande, en el 4 a.C., el reino se dividió entre tres de sus hijos. Arquelao, (4 aJ-6dJ) fue rey de las provincias Judea, Samaria e Idumea. Antipas (4 aJ- 39 dJ) llamado Herodes Antipas, fue rey de Galilea y Perea. Por último Filipo (4 aJ-34dJ) rey de las provincias más remotas (Batanea, Gaulanítide, Traconítide y Auranítide).
Palestina en tiempo de Jesús fue un estado teocrático, en el que lo más importante era la religión. El poder político del gobierno judío estaba sometido al poder religioso, sobre todo al Sumo Sacerdote. Éste ejercía el poder en nombre de Dios, por medio de la Ley y las tradiciones religiosas.
Judea era la región más meridional de Palestina. Una región alta que limitaba al sur y al este con grandes zonas desérticas, sus montañas formaban un macizo cerrado y accidentado.
Judea contaba con varios pueblos. Betania, en la falda del Monte de los Olivos, a unos tres kilómetros de Jerusalén. Belén, aldea a unos 8 km de Jerusalén. Según las profecías y los evangelios, fue el lugar de nacimiento de Jesús, el Mesías. Emaús, aldea situada a unos 12 km de Jerusalén. Jericó, situada en un oasis fértil a unos 250 m bajo el nivel del mar, que se comunicaba con Jerusalén, a través de una ruta peligrosa en el desierto de Judá.
En Judea se producía trigo en pocas cantidades, bastantes aceitunas, uvas, dátiles, higos y legumbres.
Sus habitantes en general eran pobres, se alimentaban principalmente con pescado ahumado y poca carne, ya que casi todo el ganado producido era sacrificado en el Templo.
La ciudad de Judea era Jerusalén, considerada Ciudad Santa para el pueblo Judío, situada a 750 msnm cerca al Monte de los Olivos. Su relevancia estaba dada como centro y sede suprema de la autoridad religiosa; para el tráfico comercial era de dificultoso acceso. Allí estaba el único templo judío del mundo, al que todos los creyentes debían peregrinar.
Gozaba de un cierto nivel de autogobierno, especialmente Jerusalén, gobernada por la autoridad del sumo sacerdote y su consejo o Sanedrín.
Entre Galilea al norte y Judea al sur, estaba la provincia de Samaria, compuesta por diferentes etnias y creencias, como asirios e israelitas. Entre judíos y samaritanos se había desarrollado un odio mutuo, ya que en el 107 a.C., el judío Juan Hircano se apoderó de Siquen, capital de Samaria, y destruyó el templo de Garizim. Herodes el Grande lo restauró en el año 30 antes de Cristo y se casó con una samaritana para restablecer el orden, pero los samaritanos profanaron el templo de Jerusalén en el 6 dJ y luego se acrecentó la hostilidad. Para los judíos, los samaritanos eran un pueblo impuro con sangre contaminada por extranjeros y como eran considerados herejes, no querían tener trato alguno con ellos.
Los samaritanos creían ser los verdaderos descendientes de los hijos de Israel y fueron quienes preservaron la escritura hebrea arcaica. Se consideraban fieles a la ley y verdaderos israelitas.
Tenían su propio templo sobre el monte Garizim y negaban importancia al templo y a la ciudad de Jerusalén. A tal punto eran las diferencias, que si un judío calificaba a otro de samaritano, se lo consideraba grave injuria.
Judea, era administrada directamente por un funcionario romano, que llevó primero el título de prefecto, hasta el año 41 aproximada, y luego el de procurador.
El prefecto no residía en Jerusalén, sino en Cesárea Marítima, ciudad de la costa mediterránea. Durante las fiestas, como las de Pascua, acudía a Jerusalén y vivía con su corte en la ciudadela militar llamada Fuerte de Antonia, en el ángulo Noroeste del Templo con la guarnición romana compuesta por unos 3000 efectivos militares. Antonia era una estructura de bloques rodeada de cuatro torres de 5 m de altura y era un sitio estratégico desde donde controlar a la multitud que acudía, ya que en las fiestas, se congregaban miles de judíos y solían producirse tumultos. El Procurador romano de Judea tenía el supremo poder militar, sólo dependía del legado romano en Siria. Era el agente de finanzas del emperador romano, recogía la totalidad de impuestos que pagaban los judíos, teniendo bajo sus órdenes a los recaudadores y soldados.
En épocas de Jesús, el procurador romano era Poncio Pilatos; cuando introdujo en Jerusalén estandartes con la imagen del emperador y exigió a los judíos dinero del Templo para construir un acueducto, se produjeron importantes levantamientos que luego fueron aplacados. Al Suroeste del templo estaba El Platorium, palacio construido por Herodes el grande.
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El Templo de Jerusalén (en hebreo: בית המקדש, Beit Hamikdash) fue el santuario del pueblo de Israel, centro del poder religioso judío mundial y su único templo. Se alzaba en la parte más visible de la ciudad y sobresalía con una torre de 50 m de altura en medio de una explanada de 480 m de larga por 300 m de ancha, rodeada por un alto muro. Para las fiestas solemnes de Pascua y Pentecostés, Jerusalén se llenaba de hasta tres millones de judíos y prosélitos de todas partes del Imperio.
Herodes el Grande inició la reconstrucción del templo en el año 19 a.C., sobre las ruinas del primer templo construido por Salomón y sobre las bases levantadas por Zoroabel (ancestro de Jesús, un año después de conducir a los primeros 42.360 Judíos desde Judá hasta la capital del imperio de Nabucodonor II, cuando fueran obligados a desplazarse durante el reinado de Ciro. El historiador musulmán Ya'qubi le atribuye a él, la recuperación de la Torá y los Libros de Los Profetas). El trabajo principal duró nueve años y fue completado en el año 64 d.c, 6 años antes de que fuera destruido por los romanos.
Este templo era la admiración del pueblo, tenía la misma estructura básica del templo de Salomón, pero mucho más grande que las bases levantadas por Zoroabel. Recordemos que en tiempos de Jesús, el templo aún no estaba terminado.
Donde hoy se alza la gran explanada, se encontraba el gran patio rodeado de suntuosos pórticos con columnas de mármol. Los llamativos recubrimientos de oro y mármol blanco lo hacían brillar a la luz del sol.
Nueve grandes puertas daban acceso al templo, ocho de ellas recubiertas de oro y plata, al igual que sus montajes y dinteles. Los candelabros y copas también eran de oro y plata. Se dice que la novena puerta fue donada por un judío rico de Alejandría, Nicanor en el siglo I, el portón que lleva su nombre fue hecho de bronce, o cobre de Corinto, que brillaba como oro, con un lustre muy especial. Era la puerta por donde podían acceder los hombres. Quince peldaños en semicírculo conducían del Atrio o plaza de las mujeres al Nicanor. Los levitas se paraban en estos peldaños para cantar salmos.
En el lado oriental, con una columnada doble, estaba el Pórtico de Salomón.
En el lado sur la zona porticada era aún más majestuosa con una cuádruple fila de columnas y recibía el nombre de Pórtico Real. Allí estaban los accesos más transitadas por los judíos. La entrada se hacía por la puerta triple y la salida por la puerta doble, ambas precedidas por una amplia escalinata.
Había otra entrada utilizada por los fieles que deba a acceso directamente al pórtico real y a través de una gran escalera construida sobre un gran arco, salvaba el desnivel existente entre la ciudad alta y el pórtico.
Dentro del gran patio llamado de los gentiles había un gran patio para los israelitas. En el dintel de entrada había una prescripción que recordaba la pena de muerte para cualquier gentil que la traspasara.
En el primer patio al que se accedía, había un espacio en el lado este donde se recogían las limosnas y rentas del templo, llamado Gazofilaceo.
Las terrazas incluían tres atrios. En el sector accesible a todos era el atrio de los gentiles, allí estaba el mercado de animales destinados para sacrificios y se cambiaban monedas para las ofrendas del templo. El segundo atrio, llamado Atrio Interior era reservado para los judíos y se dividía en dos sectores: El atrio de las mujeres y el Atrio de los israelitas.
El tercero era llamado Atrio de los Sacerdotes o levitas, allí se levantaba el altar de los holocaustos y en la parte más recóndita del edificio se encontraba el vestíbulo. Allí a través de la puerta de Ulam se accedía al Ejal o Lugar Santo; luego al Debir, Lugar Santísimo o Santo de los Santos, donde estuviera guardada el Arca de la Alianza. A ese recinto interior solo podía acceder el sumo sacerdote en el día de la expiación.
Salvo él, los demás sacerdotes vivían fuera de Jerusalén y acudían por turnos de a 50 por día. A diferencia de los templos paganos, en el templo de Jerusalén no se daba culto a ninguna imagen, sólo al Dios invisible cuya manifestación de poder se creía guardada en el Arca de la Alianza.
Según las costumbre judías, los creyentes debían purificarse antes de ingresar al templo con el ritual llamado agua de vida. El monte Sion estaba a 750 m del nivel del mar, rodeado de zonas desérticas, el río más próximo se situaba a 40 km de distancia. Tanto los peregrinos hacia Jerusalén como sus habitantes tenían que dar al imperio romano buena parte de sus ingresos y como el agua era un recurso muy preciado y necesario, debían de proporcionársela. Para ello había 30 depósitos de agua de lluvia alrededor de la ciudad, equivalentes a 20 piscinas olímpicas.
Para la purificación utilizaban albercas llamadas Miqveh, la más grande era la piscina de Siloah. Había unas cañerías cercanas que la alimentaba por vías naturales de Jerusalén, mediante un túnel de 600 m de largo.
La piscina de Bethezda (palabra que significa casa de gracia) estaba situada en la parte N del complejo religioso, fue excavada en el S VIII aJ en el camino del valle de Beth Zeta. Jesús había estado tres veces en Jerusalén, la primera cuando fue presentado en el templo; la segunda a los 12 años, cuando se “perdió” en el templo y habló con los sabios de la ley; y la tercera durante la semana previa a su crucifixión, tiempo en el que se lo vio cerca de estos piletones realizando milagros. Tradicionalmente se le atribuía a estas aguas propiedades sanadoras y aquí eran traídos los desvalidos y enfermos, que eran introducidos allí. Contaba con escalones y descansos que aún se conservan, allí esperaban para poder bañarse. El agua tenía la particular coloración rojiza y era burbujeante. Según algunas investigaciones esta pileta tenía un sistema de túneles ocultos. En el área de las compuertas había una entrada superior grande y en la parte de baja se encontraba la entrada más pequeña, estas controlarían la profundidad del agua que fluía de modo vertical.
Fuera de las murallas de la ciudad estaba el Gólgota o Monte Calvario, ya que se habían prohibido por ley las ejecuciones y entierros dentro de sus límites. Se cree que la Iglesia del Sepulcro Sagrado se encontraría actualmente sobre este lugar, donde fuera crucificado y luego sepultado en sus cercanías Jesús. Dado el crecimiento de Jerusalén con el correr de los años, esta zona habría quedado dentro de la ciudad actual.
Respetando la tradición, los cristianos recorren la Vía Cruxis, intentando seguir el camino que recorrió Jesús , que comenzaría en Antonia y terminaba en el Gólgota.
Soror Karina E. González
+++Dama Templaria